Formación dual y arquitectura

Se habla mucho en España del éxito del modelo de la formación dual en países de habla alemana como fórmula para evitar el desempleo juvenil y, a la vez, reducir el fracaso escolar. Consiste en compaginar el estudio del equivalente a un ciclo de Formación Profesional con el trabajo en prácticas en una empresa del sector, en paralelo, y no, como sucede en España, al final del ciclo.

Mientras trabajaba en Suiza tuve ocasión de conocer el modelo de cerca, y de convertirme en una gran defensora. Hay que recordar que en Suiza o Alemania, hay una segregación temprana en la escuela en función de los resultados académicos, dirigiendo a los más brillantes al bachillerato universitario, y a los que no lo son tanto (o tienen más interés por la experiencia práctica), a escuela secundarias preparatorias para la formación profesional. Esto a algunos les parecerá discriminatorio o generador de inequidad de oportunidades, pero lo cierto es que muchos simplemente no tienen ganas de aprender mucha teoría y aprovechan mejor una enseñanza más práctica. Por otra parte, la formación dual no cierra las puertas a la universidad, y hay ejemplos de sobra de arquitectos (por ceñirme al ramo que conozco) que empezaron de aprendices, continuaron formándose y se han convertido en figuras célebres (Mario Botta comenzó como aprendiz de delineante, Peter Zumthor como aprendiz de carpintero, etc.)

En el estudio donde trabajaba hice el seguimiento directo e indirecto de varios “aprendices” (la palabra alemana es lehrling) que se formaban como delineantes (hochbauzeichner) con nosotros, empezando a los 16 años y terminando más o menos con 19 o 20, durante cuatro años. El proceso de selcción de los aprendices comienza mucho antes, siendo el primer paso hacer un schnupperlehre, o día en prácticas, cuando tienen entorno a 13 años. Esto es una tarea escolar, y el niño o adolescente en cuestión debe hacer mini-prácticas en empresas de varios sectores para ir entendiendo cómo funcionan y qué le gusta más. Una vez el estudiante opta por una profesión concreta, deberá enviar su candidatura a varias empresas, incluyendo sus calificaciones y, en el caso de futuros delineantes, carpetas de dibujos. Todo este proceso, a una edad bastante temprana, implica asumir una responsabilidad bastante grande (cosa que me parece positiva). El futuro aprendiz tendrá que hacer nuevamente prácticas, esta vez de varios días, en los que será puesto a prueba en su capacidad para dibujar o aprender a manejarse con el CAD. En base a la impresión que se lleve la empresa, se le adjudica el puesto de aprendiz de cara al curso siguiente (o no).

Los aprendices de delineante ganan un pequeño salario que va aumentando cada año, conforme van ganando independencia y conocimientos. Suelen trabajar a jornada completa tres o cuatro días semanales, a lo que se suma uno o dos días completos asistiendo a clases en sus centros de formación, más las tareas y preparación de exámenes que deban realizar, con lo que su jornada total es de más de ocho horas diarias.

Lo más positivo: la oportunidad de trabajar en proyectos reales, de ir a obra para ver lo que estás dibujando, y el ser tratado como un adulto, ni más ni menos (aunque seas menor de edad). Es habitual darles ciertas responsabilidades desde el principio, como responder al teléfono y desviar las llamadas, hacerse cargo de que no falte material de oficina etc. Pero en absoluto se convierten en chicos de los recados que hacen fotocopias y cafés (vale, a veces sí), sino que la implicación de los compañeros en transmitirles conocimientos y explicarles cosas es muy elevada.

En cada uno de los aprendices con los que traté ví siempre un desarrollo de cualidades profesionales y humanas sensacional,  pasaban de afrontar tareas nuevas con inseguridad a trabajar independientemente e interaccionar con absoluta naturalidad con cualquier interlocutor. Lo presencié también en otros aprendices en empresas con las que hacíamos obras. Considero que la formación dual es un regalo para los jóvenes que no opten por la universidad, y si yo me hubiese criado en Suiza, no habría dudado en optar por ella.

Puede que existan casos en los que las empresas se aprovechan del aprendiz en vez de formarle, pero están obligadas a tener al menos un empleado con certificación de “formador” o mentor de aprendices, lo que supone que no cualquier cutre-empresa puede acudir a los aprendices como mano de obra barata, amén de que existen diversos mecanismos para controlar o denunciar situaciones de abuso.